Off topic: Interpretando a Juanita
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Gabi
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Jul 19, 2006

Un relato de mi amiga Marta Bruno, que vive en Canadá.

"Yo no sé cómo contar este viaje. Si ustedes vieran cómo estoy: rodeada. Pedacitos arrugados de papel que dicen "ah, es que aquí dejé seña", el calendario del viaje, mi diario, hojas tamaño carta con un "mapa emotivo" de lo más importante que pasó en cada lugar que visitamos. Suncaos, esto. Y es que, ¿cómo hacés para explicar así con palabras cómo una persona y catorce días te cambian la vida? Me da miedo empezar y no terminar nunca. Ustedes, si se aburren, dejen. Yo no me ofendo. Esto es nuevo. Me van a tener que tener paciencia. El lunes hablaba con Mamá (me hizo cagar de risa), que me decía que todavía "la llaman" para quejarse de que nunca terminé de contar los 26 días en la India, y que, al final, voy a contar el viaje con Juanita, o los voy a dejar colgados de nuevo. Que quería escribirlo todo primero, le expliqué a Mamá, y después mandarlo todo junto, así, completito. NO, dijo mamá, escribilo en partes y mandá algo pronto, ¡porque sino me van a seguir llamando!

Así que voy a tratar de contarlo en partes, entonces, lugar por lugar. Y es como empezar el viaje de nuevo, un poco. Así que empecemos por el principio. Acá va. El primer lugar donde interpreté a Juanita, Winnipeg, la capital de la provincia de Manitoba.


Llegué a Winnipeg el sábado 27 de mayo a las 10 y media de la mañana. Estaba sin dormir, sin la certeza de que yo fuera un ser humano capaz de tomar notas durante una interpretación consecutiva, sin comer, sin la tranquilidad de trabajar con una compañera, porque había aceptado el desafío de trabajar sola (no había presupuesto para dos intérpretes), pero con mis cassettes de meditación y visualizaciones guiadas, y mi fé en Gandalf y el universo.

Una voluntaria me recogió en el aeropuerto y me llevó a los dormitorios de la Universidad de Winnipeg, donde se hospedaban todos los miembros de Amnesty que habían venido para la Asamblea General Anual, Juanita, y yo. Mi habitación, peladita y monástica, pero con lo justo. Ni me saqué la campera (llovía) que Gina, mi visionista amiga, me vino a buscar para llevarme con Cheryl, la coordinadora de la campaña de Amnesty "No más violencia contra la mujer."

Yo en mi puta vida había ido a una Asamblea General Anual, pero esta parecía así como una Cumbre de las Américas. Gente por todos lados, talleres, paneles de presentadores, apabulladita, me sentí. Pero Cheryl (una chica de mi edad que es de armas tomar y de verdades decir) me abrazó, y me dijo que gracias a dios, porque ella estaba a cuatro manos, y a Juanita la estaban ayudando entre todos, pero que ahora sí. Y se fue al panel de Derechos Reproductivos y Sexuales de la Mujer.

Gina me llevó hasta la única mesa del salón comedor con gente. Sentados a la mesa: un hombre flaquito y grisáceo, de anteojos gruesos, camisa floreada y 55 años. Desde donde yo estaba, no podía leer la etiqueta de indentificación. Después, ya más de cerca, leería: "Luis Dalia", argentino, su mujer y él, presos durante el proceso, él se salvó primero, después, por intermedio de Amnistía, salvó a su mujer. Emigró a Canadá, donde empezó a trabajar para Amnesty. Luis hablaba con dos mujeres. Una a su derecha, una chica, campera de jean, de unos 23 años. La otra, a su izquierda, una mujer enorme, de unos 50, de piel morena y tirante, que justo cuando yo llegué, decía "Y así es."

- Marta - me dijo Gina - te presento a Juanita.
- Encantada - dije, estirando la mano hacia la mujer enorme.
- No, pues - dijo la chica de los 23 años, ofreciéndome la mano - Juanita soy yo.

Tardé varios segundos en asociar lo que yo sabía sobre Juanita, con la Juanita que me ofrecía la mano. Me costaba. Me costaba creer que esa chica que no podía tener más de 23, 24 años, como muuuuuucho, era la Juanita Cruz Jimenez de Chiapas, del barrio de las Margaritas, de la nación indígena Tojolabal, la Juanita que había creado Tzomé Ixuk, el único Centro para la Mujer en México dirigido por mujeres indígenas y dedicado a mujeres indígenas, principalmente. La miré mucho. Chiquita, maciza, pelo láceo bien negro, piel muy morena, con el blanco de los ojos bailándole en la cara, esos ojos que siempre tienen como un fluir de agua, una sornisa enorme, dientes perfectos, y una paz en toda ella que me hizo un nudito en la garganta.

- Encantada de conocerla - le dije, y le dí la mano con una alegría que me agarró de sorpresa, por lo cierta.
- Marta - le dijo Gina a Juanita - va a ser su ...
- Traductora, sí, ya - dijo Juanita, y me acarició la manga de la campera. Pues qué bueno conocerte. Siéntate, ya. A ver que casi comemos, ¿no?

Y si alguna vez, en alguna otra vida, yo había tenido así como alguna preocupación sobre algo, ya no la tenía más. Y, claro, no me di cuenta en ese momento, pero el deseo que yo había estado pidiendo en cada visualización, en cada meditación, al universo, durante los últimos quince días, se empezaba a cumplir. Por ahí por eso, porque no me di cuenta, me asusté cuando, en el ir y venir del almuerzo, me topé con Anne y con Phil, dos cuentacuentos de Ottawa. ¿Qué hacen ustedes acá? Somos miembros de Amnesty, vinimos a la Asamblea. ¿Y vos? Les conté. Ah, entonces te vamos a escuchar interpretar hoy a la noche, en el banquete.

Lo malo de compartimentalizar, es que, no bien te levantan una puertita, se te desborda el dique. Y siempre va a parar al estómago, el agua. La manía del tsunami, que aúlla, ¡no mezclar, no mezclar, separar los mundos es la única manera de tenerlos controlados, no mezclar, no mezclar!

Lo que me acuerdo de después del almuerzo es Juanita hablando por teléfono a México, y diciéndole a una comadre, que por fin había conocido a su compañera. Que se llamaba Marta, su compañera. Me acuerdo de preguntarle a Juanita que qué quería hacer. Eran las dos, faltaban cinco horas para el banquete. Caminar, me dijo. Cómo no.

Yo salí con mi mapa; la universidad sun laberinto, le dije. Todavía la veo, bajo el sol de las dos, Juanita caminando por el cordón de una vereda, haciendo equilibrio. Juanita sobre el cordón de la vereda y yo sobre el pavimento, la misma altura. Buscábamos el río.

¿Ah, entonces, Juanita, a usted le gusta el agua?

Chiapas es agua y bosque, agua y selva, agua y monte. En Chiapas hay diez lagos, cada uno de color diferente. Uno se llama Esmeralda, y el agua es brillante y verde. Otro se llama Azul, y el agua es como el cielo. Otro se llama Cristal, y el agua es transparente. Y así. Juanita no los conoce todos.

¿Y dígame, Juanita, cómo se involucró en el tema de derechos humanos?

En una época, Juanita trabajaba como mucama. Los dueños de casa la trataban mal, le gritaban, la insultaban, le pagaban poco y nada. Y un día Juanita se preguntó, ¿y yo pues, qué hago acá? Yo soy indígena pero también soy persona. Y le dijo a los dueños de casa que si no la trataban con respeto, ella no iba a trabajar más allí. "Ah, ustedes los indios ni siquiera quieren trabajar", le contestaron.

Y a partir de ese día, Juanita empezó a reunir gente, mujeres. Al principio eran 30, 40. Algunas se fueron cuando se dieron cuenta de que no se estaban organizando para ganar dinero. Otras se fueron porque no podían darle al grupo el tiempo que necesitaban para trabajar. Y así quedaron las 10 mujeres que siguen trabajando juntas ahora. Por los derechos humanos y, especialmente, por los de la mujer.

Llegamos tan cerca del río como pudimos. No tan cerca como para poder mojarnos los pies.

Juanita, me animé, ¿y usted lo conoce al subcomandante Marcos?

Mucho. Lo admira. Es un poeta, Marcos. Cuando habla, uno siente lucecitas. Que es una lástima, porque, como habla tan bien, poca gente verdaderamente lo escucha para ver qué tiene que decir. Lo respeta mucho. Como respeta la lucha de la gente de Cuba. Y como respeta a la gente de los Estados Unidos. Porque la gente, la gente nunca es lo mismo que el gobierno. La gente de Estados Unidos también son personas que, como todas las personas, merecen respeto. El gobierno, esos sí que te chingan, el gobierno es otra cosa.

El calor se juntó con el cansancio, y pegamos la vuelta. Miré el mapa. Como si leyera la declaración de independencia Tojolabal. Juanita, en cambio, caminaba con rumbo. Fui por donde iba ella.

Oye, pues, y ¿tienes novio?
Le conté. ¿Y ella?
Juanita había tenido un novio. Hacía 11 años. Hasta que quedó embarazada. Quedó embarazada allá por la época en que empezó a trabajar como activista de los derechos humanos. El novio no quería que Juanita se metiera en eso, quería que se casara, y tuviera el hijo, y se dejara de joder. Pero Juanita no quería casarse. Ni dejarse de joder. Así que adios al novio. Todo el mundo le dijo que abortara. Juanita escuchó y casi, casi, hasta que encontró otras voces en el mundo, que le dijeron otras cosas. Y tuvo a Victor Manuel.

Caminábamos por la sombra de edificios que a mí me parecía que no había visto nunca. Pero dónde carajo estamos, che. Miré el mapa. De nuevo, todo en Tojolabal.
- Es por aquí - me dijo Juanita.
- ¿Y cómo sabe? - le pregunté. Al fin y al cabo, también ella estaba ahí por primera vez, sin idioma, y sin mapa.
- Ah, es que yo aquí dejé seña.
- ¿Cómo que dejó seña?
Con el dedo, me señaló un macetero de flores rarísimas, como capullos cerrados, amarillo brillante.
- Esa es la seña que dejé. Por eso sé que nuestro edificio está ahí delante.
Y estaba. Y ahí me di cuenta, ¿no? Yo, palabras impresas y mapas. Ella, flores y el río. Cómo no me voy a perder.

Cuanto más nos acercábamos al interior del edificio, más nos acercábamos a la hora del Banquete. Y a las doscientas cincuenta personas que iban a estar reunidas para escuchar a Juanita, la invitada de honor. Y al terror de mirar mis apuntes del discurso de Juanita y no reconocer ni un solo símbolo.

Juanita, le pregunté, ¿usted tenía algún miedo antes de venir?
No tenía miedo porque tenía la visión clara, clara la tarea. Bueno, quizá un poco de temor porque no sabe muy bien leer y escribir, porque no ha tenido estudio de pequeñita. Pero desde que empezó a trabajar para el centro, lee y escribe mejor. Así que eso, pues.

Eso: la visión clara. Clara, la tarea.

Nos despedimos frente al ascensor, para dormir la siesta.
- ¿A qué hora hablamos? - me preguntó.
- El banquete empieza seis, y usted va a dar el discurso a las siete.
Entonces, que nos encontráramos ahí mismito a las seis y media, pa que no tuviéramos que hablar con el estómago vacío, ¿ya?

Tengo que dormir, tengo que dormir, tengo que dormir, repetía en la cama de mi habitación. Pero no podía dormir. Entonces, hice lo único que podía hacer: la visualización guiada que venía haciendo desde que había firmado el contrato. Una playa apenas poblada por gaviotas, al despuntar del día. El sol dorando la espuma blanquísima de las olas, las olas rompiendo, suaves, en la orilla. Y en el aire fresco de la mañana, una pantalla de luz brillante en donde me veo a mí y al contorno de una mujer que no conozco, juntas, de pie, los corazones, rosas, iridiscentes, latiendo al mismo tiempo, como si fueran uno.

Me dijeron, después, que el discurso de Juanita duró unos 20 minutos. Me dijeron, los que hablaban español, que nunca habían visto una interpretación así, que yo no había agregado ni sacado una coma. Me dijeron que, profesionalismo y aptitud técnica aparte, era la pasión de Juanita lo que yo había interpretado. Yo no sé. No tengo idea. Me acuerdo de sentirme incómoda, físicamente, al tener que escribir parada, con un bloc de hojas apoyado en la palma de la mano. Me acuerdo de que el micrófono estaba a la altura de la boca de Juanita y que cada vez que hablaba tenía que agacharme, porque para mí, era muy bajo. Me acuerdo de Anne y de Phil, interceptándome para preguntarme si quería contar historias sobre el viaje de Juanita, en una reunión para Amnesty que planeaban hacer en septiembre. Me acuerdo de emocionarme mucho, mucho, cuando Juanita dijo, "Porque seremos indígenas, sí, pero también somos seres humanos." Me acuerdo del aplauso atronador que estalló en el salón, cuando traduje eso. La gente se puso de pie. Yo di un paso atrás, y aplaudiendo, me paré junto a Juanita. Juanita también aplaudía. Me acuerdo de que me costó tragar las ganas de llorar. Me acuerdo de que sentí algo así como, esto, esto es lo que quiero hacer de mi vida.

Esa noche recaudamos, como dice Juanita, 1.500 dólares. Para una camionetita, para el Centro de Mujeres. El Centro ofrece talleres: de derechos humanos, de derechos para la mujer, de autoestima, de asesoramiento legal, y así. Las comunidades más necesitadas son las más remotas. A veces, están a tres o cuatro horas de donde vive Juanita. El transporte es caro. Demasiado. Aún así, porque es su trabajo, Juanita alquila un camión o un micro para ir a dar talleres allí, pero a veces el micro no viene o llega tarde, y la gente de la comunidad que espera pierde la fe, la confianza, la gana la tristeza y la desesperanza. Se vuelve escéptica. Con una camioneta, sólo tendrían que pagar la nafta, y tendrían el transporte asegurado. Serían independientes.

Los 1.500 dólares los juntaron en la cobija tradicional indígena, hecha a mano, que le regalaron a Juanita, que fueron pasando cuatro mujeres, mesa por mesa. Las cuatro puntas de la cobija representan los cuantro puntos cardinales, las cuatro estaciones, los cuatro elementos, los cuatro rincones del mundo. Yo pensé, y el corazón, dos aurículas y dos ventrículas, también tiene cuatro rincones, ¿no?

Después del banquete había una fiesta en un bar.
¿Tú quieres ir?, me preguntó Juanita.
Como usted quiera.
Híjole, pero cómo que como yo quiera, si te estoy preguntando.
Yo me tomaría una cerveza.
Bueno ya, vamos y te tomas tu chela.
¿Y usted?
Yo prometí que chela, no. Yo, un refresco.

Y fuimos. Y hasta salimos a bailar. Juntas. Y al día siguiente, Juanita fue panelista en una presentación sobre los derechos sociales, culturales y económicos de las mujeres de América Latina. Y dicen que su presentación duró unos 40 minutos. Yo ya había dejado de contar el tiempo. Lo único que sabía era que después de llenar tres hojas con símbolos, tenía que hablar, para contarles lo que Juanita había dicho. Y que después, volvía a hablar Juanita. Y que después de otras tres hojas o, si Juanita estaba entusiasmada, cuatro, me tocaba hablar de nuevo. Y de nuevo, no me di cuenta en ese momento, de que la vida había cambiado de ritmo, como te cambia de ritmo el corazón.

¿Cuándo es la próxima vez que hablamos?, me preguntó Juanita, cuando nos dijeron que bajáramos con las valijas porque nos venían a buscar en un auto alquilado.
Mañana, le dije, en la escuela de la reserva indígena de Grassy Narrows."


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Aurora Humarán  Identity Verified
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... Jul 19, 2006

Gracias, por este recreo inspirador y hermoso, Gabi.

Qué mundanal parece este contrato ahora...

Au


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Aurora Humarán  Identity Verified
Argentina
Local time: 19:47
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A ver qué opinan los intérpretes... Jul 19, 2006

Gabi wrote:

Me dijeron, después, que el discurso de Juanita duró unos 20 minutos. Me dijeron, los que hablaban español, que nunca habían visto una interpretación así, que yo no había agregado ni sacado una coma. Me dijeron que, profesionalismo y aptitud técnica aparte, era la pasión de Juanita lo que yo había interpretado. Yo no sé. No tengo idea. Me acuerdo de sentirme incómoda, físicamente, al tener que escribir parada, con un bloc de hojas apoyado en la palma de la mano. Me acuerdo de que el micrófono estaba a la altura de la boca de Juanita y que cada vez que hablaba tenía que agacharme, porque para mí, era muy bajo. Me acuerdo de Anne y de Phil, interceptándome para preguntarme si quería contar historias sobre el viaje de Juanita, en una reunión para Amnesty que planeaban hacer en septiembre. Me acuerdo de emocionarme mucho, mucho, cuando Juanita dijo, "Porque seremos indígenas, sí, pero también somos seres humanos." Me acuerdo del aplauso atronador que estalló en el salón, cuando traduje eso. La gente se puso de pie. Yo di un paso atrás, y aplaudiendo, me paré junto a Juanita. Juanita también aplaudía. Me acuerdo de que me costó tragar las ganas de llorar. Me acuerdo de que sentí algo así como, esto, esto es lo que quiero hacer de mi vida.



En mi mente, siempre los intérpretes están detrás de un vidrio, enfrascados, concentrados, en su mundo.
Si bien no es mi mundo, puedo apoyar la ñata sobre ese vidrio (que a veces está y a veces no) y sentir cómo sentía la intérprete. Cómo tuvieron que contarle lo que ella misma hizo.

¡Gracias, Gabi!


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María Teresa Taylor Oliver  Identity Verified
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:) Jul 19, 2006

¡Qué hermoso, Gabi, gracias!

Como dice Au, este manual técnico me parece tan sombrío ahora, tengo ganas de tirarlo a la basura...


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De la Vera Cruz
Argentina
Local time: 19:47
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¡Bellísimo! Jul 19, 2006

¡Gracias Gabi por un relato tan hermoso!

Verónica


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Gabi
Local time: 00:47
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Ccuando se hace referencia a los dos sexos, es el femenino el que tiene precedencia Jul 19, 2006

Gracias por el feed back, lo pasaré a la autora.

Hola Au: Creo que "le tuvieron que contar" cómo estuvo porque se metió con alma y vida en esa interpretación

Después de leer sobre esta experiencia (me llegó por mail y pedí permiso para publicarla) me pregunté qué era el tojolabal.

Encontré una característica notable de este idioma en cuanto al "nosotros":

"Supongamos que están reunidas cuatro personas: Julia, Pedro y Caralampio, los tres hermanos, y su mamá viuda. Están platicando sobre la carencia de maíz. En la casa queda poco y no alcanzará hasta que empiece la cosecha. Durante la plática Pedro le dice a su mamá: "Mañana vamos nosotros a tierra caliente para trabajar en las fincas. Ahí ganaremos algo de dinero para comprar maíz". En castellano, las palabras de Pedro no señalan con claridad quiénes irán. ¿Quiénes son el nosotros? ¿Sólo los tres hermanos o se incluye también a la mamá?

No es así en tojolabal. Si saldrán sólo los tres hermanos, el nosotros corresponde a ke’ntikon; si, en cambio, se incluye a la madre, el nosotros corresponde a ke’ntik. Esta diferencia entre dos clases de nosotros se da sólo en la primera persona del plural en todas sus formas: pronombres, verbos, sustantivos, etcétera.

En lingüística, estos dos tipos de nosotros recibieron el nombre de exclusivo e inclusivo. El término "exclusivo" tiene, desafortunadamente, una connotación negativa. (...) Los tojolabales explican la distinción de otra manera. Los hermanos usan la forma ke’ntikon para expresar su respeto. Por supuesto, no esperan que su mamá también vaya a trabajar en las fincas de tierra caliente. Este trabajo duro es para los hijos, que se hacen responsables por todas las personas de la casa. Por lo dicho, nos parece más acertado cambiar de terminología. Por un lado, hablamos de la forma general del nosotros (ke’ntik) y, por otro, de la forma de respeto del nosotros (ke’ntikon). (...)

La diferencia de los dos tipos de nosotros señala que el tojolabal distingue con mayor exactitud entre clases diferentes del mismo. La diferenciación que hace el español, en cambio, es la del género. Hay las formas de nosotros y nosotras. Así también se habla de vosotros y vosotras, ellos y ellas y también él, ella, ello. Las formas mencionadas indican que la diferenciación se refiere a la del género, que se hace en todas las personas, menos en la primera y segunda del singular. En el contexto del español y muchos otros idiomas se considera más importante distinguir los géneros dando prioridad al masculino, que siempre se menciona en primer lugar. ¿Es un indicador de machismo? En tojolabal, cuando se hace referencia a los dos sexos, es el femenino el que tiene precedencia.

(Conocen algún otro idioma en que sea así??)


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Francesca Pesce  Identity Verified
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Member (2006)
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Gracias! (en ingles) Jul 20, 2006

(I apologise but I don't write well enough in Spanish!)

Thank you Gabi!

I think all of us would need to read of these experiences more often. And would need to meet women like Juanita more often!

I am not an interpreter, just a translator. Nevertheless I have happened to interpret volunteerly in my life, during meetings in which I was participating as a feminist activist. And those have been among the most important experiences in my life. I have met some wonderful people (mostly women, I must say...) who have so much to transmit in terms of passion, involvement, etc. And it seems so easy in those cases to translate what they are saying.

In those moments it is as if you become part of them, of their thoughts, of their passions...
It is so hard though to return home and go back to your everyday somehow meaningless life......


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Gabi
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Francesca... Jul 20, 2006

Francesca Pesce wrote

go back to your everyday somehow meaningless life......



never say that... cada un@, desde su lugar, siempre es importante, no?



(em... los hombres que empezaron a leer se habrán quedado dormidos, no?)


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Liliana Ayllon  Identity Verified
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Buchas gracias por compartir Jul 20, 2006

Bella historia!

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Interpretando a Juanita

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