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TRADUCCIÓN DE NOMBRES PROPIOS Y SIGLAS

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TRADUCCIÓN DE NOMBRES PROPIOS Y SIGLAS

By Gerardo Comino | Published  09/22/2005 | Art/Literary Translation | Recommendation:
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Author:
Gerardo Comino
Spain
English to Spanish translator
Became a member: Jun 15, 2005.
 
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“¿Traducir o no traducir el nombre de una organización, sistema, método, etc... y sus siglas?”

En primer lugar, permítanme que base mi artículo en el estudio de dos lenguas primas en mi experiencia vital y laboral y en las que harto estoy de navegar mar adentro: la lengua española (castellano y español de Latinoamérica principalmente) y la lengua inglesa (británica y estadounidense principalmente). No obstante, el contenido de este artículo trata de ser, en la medida de lo posible, generalizado y por ello aplicable a cualquier par de idiomas.

En perspectiva, nos encontramos con un vasto campo de trabajo, sobre el que las averiguaciones, investigaciones, análisis y conclusiones derivadas de su aclaración pueden concluir en distintas variantes:

a. El nombre propio y sus siglas poseen una traducción establecida y podemos constatarlo (Por ejemplo, EU = European Union // UE = Unión Europea)
b. El nombre propio ha sido traducido y constatado aunque mantiene las siglas en inglés (Por ejemplo, OSHA = Occupational Safety and Health Administration // OSHA = Administración de Seguridad y Salud Ocupacional)
c. El nombre propio no ha sido traducido y por tanto tampoco sus siglas (Por ejemplo, APA = American Psychiatry Asociation)
d. El nombre propio ha sido traducido y/o sus siglas pero no podemos constatar una traducción estándar y las traducciones utilizadas son forzosas, se exceden en literalidad o aparecen en fuentes de “dudosa” calidad.
e. Ni nombre ni siglas han sido traducidas o utilizadas fuera de su idioma.
f. Siglas con las que se ha compuesto un holograma o una nueva palabra.

Partamos, pues, de la herramienta general de investigación del traductor de hoy día: Internet. El riesgo y consecuencias que una ciega fiabilidad en este servicio pueden conllevar incluyen excéntricas traducciones y ridículas transcripciones, obras maestras de programas automatizados de traducción o meras erratas de traductores que, digamos aquí, por su falta de experiencia pueden cometer algún error, etc. En la mayoría de las ocasiones, un traductor experto o sabrá constatar las fuentes electrónicas o bien se dirigirá a fuentes impresas de documentación especializadas en las que puede encontrar también una traducción fidedigna. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando determinadas siglas o nombres propios no se han traducido nunca o acaban de surgir o aparecer por primera vez en un texto público? Estimados compañeros, en este punto comienza mi análisis.

Dicho esto, pasaremos detenidamente por cada uno de los puntos anteriores para tratar de ejemplificar mi discurso. No obstante, debemos dar, primero, un paso atrás y recordar uno de los principios básicos de la traducción: expresar la misma realidad. A la hora de enfrentarnos a una traducción, siempre debemos partir de que la idea primera de nuestro cliente es que el lector de la lengua meta sienta o perciba la misma realidad que el lector de la lengua origen (aunque este tema también merece una exposición más amplia).

Al traducir un nombre propio, desde mi punto de vista, debemos representar en una grafía un significado, una información, una serie de datos que en otra lengua han sido representados de esa forma. La transcripción de todas y cada una las palabras que componen el término origen y/o el mismo orden no es imperativo. Nuestra intención lejos de semejar o transliterar el término origen, es ofrecer a un lector menta la información que trasmite al texto origen.

Dicho esto comencemos:

a. El nombre propio y sus siglas poseen una traducción establecida y podemos constatar

Éste es el primer paso que debemos tomar. Antes de nada debemos verificar en diccionarios, glosarios, tesauros o fuentes especializadas si la traducción existe actualmente. Habitualmente ocurrirá con aquellas siglas que representan organismos, sistemas, asociaciones, etc. de repercusión internacional.
En caso de que no encontremos estas siglas en ninguna de nuestras fuentes especializadas podemos hojear Internet pero siempre confirmando nuestras fuentes, esto es, la página oficial de dicha organización, traducciones de órganos de reconocimiento internacional, o gobiernos y administraciones.

b. El nombre propio ha sido traducido y constatado aunque mantiene las siglas en inglés

En algunas ocasiones, las menos, ante la imposibilidad de encontrar las siglas en nuestras fuentes especializadas, basamos nuestra búsqueda en Internet o en recursos electrónicos comprobando que el nombre de este sistema, método, organización, etc. existe en nuestra lengua, que ha sido traducido pero mantiene sus siglas en inglés.
Aquí debemos trabajar con enorme cautela pues a veces nos encontramos con el error de alguno de nuestros compañeros que no ha constatado la existencia de unas siglas traducidas y establecidas y pueden confundirnos.
En estos casos debemos confirmar por nosotros mismos el uso de las siglas por separado en contextos similares, de modo que podamos constatar que no existe traducción para dichas siglas. Un consejo útil puede ser utilizar la primera sigla de cada palabra que componen la traducción establecida y buscar con esas siglas, a veces, es así de sencillo.


c. El nombre propio no ha sido traducido y por tanto tampoco sus siglas

También se da el caso de que ni nombre ni siglas se hayan traducido y que se utilicen como tal en contextos de otro idioma. En estos casos lo comprobaremos rápidamente pues no suelen aparecer nunca traducidas salvo escasos errores automatizados o traductores profanos. ¡¡¡De vital importancia es no traducir unas siglas sin previa comprobación!!!

d. El nombre ha sido traducido y/o sus siglas pero no podemos constatar una traducción estándar y las traducciones utilizadas son forzosas, se exceden en literalidad o aparecen en fuentes de “dudosa” calidad.

Desgraciadamente es uno de los ejemplos más comunes. En muchas ocasiones nos encontramos con la traducción de nombres e incluso de siglas resultando en una trascripción incompresible e ininteligible. Es muy importante valorar los principios básicos de la traducción, por lo que si encontramos una traducción forzosa, que se excede en literalidad o aparece en fuentes de “dudosa” calidad, debemos rechazarla sistemáticamente, incluso cuando aparezca repetidas veces en un buscador.
A partir de aquí, el cliente, nuestros compañeros de asociaciones como Proz.com y nuestra propia experiencia nos darán una solución que debe partir de NO TRADUCIR EL NOMBRE NI SUS SIGLAS, y acompañarlos de una explicitación con una “definición” más que una traducción en sí que permita al lector conocer la realidad que expresa el nombre en inglés. Tenemos que tener en cuenta que suelen ser nombres utilizados en ámbitos que no exceden de un país.
Esta es una norma básica.

e. Ni nombre ni siglas han sido traducidas o utilizadas fuera de su idioma

En contraposición con el punto anterior, este caso nos permite dilucidar por nuestra propia cuenta la explicación que acompaña al término SIN TRADUCIR. Al igual que antes hemos mencionado, nuestra experiencia, la colaboración de otros traductores y el sentido común nos dará la solución. Recordemos que es CRUCIAL NO TRADUCIR los nombres propios, sino explicarlos hasta que un órgano rector autorice una traducción establecida.

f. Siglas con las que se ha compuesto un holograma o una nueva palabra

Por último, en muy contadas ocasiones, el término en lengua origen forma un holograma. Ante estos casos tenemos dos opciones básicas, una es traducirlo e intentar encontrar las palabras adecuadas (con la inicial necesaria) para formar una palabra también en lengua meta. Sin duda es un trabajo arduo y que rara vez o nunca resultará en una traducción coherente y satisfactoria.
Por otro lado, lo más lógico es acompañar al cuadro, dibujo u holograma de una explicación en la que el lector pueda entender el holograma a la vez que satisface su curiosidad.

En resumen, debemos tener en cuenta que el lenguaje es un arma muy sutil y delicada, una mala traducción es un crimen. El lector meta no pretende obtener las mismas palabras, literalmente, ni muchas explicaciones, sino simplemente entender y visionar la realidad que reflejan ese término.



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