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La localización de software

By Santiago García Gavín | Published  01/11/2006 | Translation Theory | Recommendation:
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Author:
Santiago García Gavín
Spain
German to Spanish translator
 
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LA LOCALIZACIÓN DE SOFTWARE

INTRODUCCIÓN
Comenzaremos por hacer algunas consideraciones sobre las particularidades del lenguaje especializado, técnico, o mejor, científico y técnico y es que la traducción de software la podemos encuadrar desde un punto de vista tipológico, dentro de los lenguajes de especialidad, si bien con algunos matices diferenciadores que le son propios y que comentaremos más adelante.
Una de las características que distingue al lenguaje científico y técnico es su léxico. A diferencia del léxico general, el léxico de un lenguaje especializado se dirige principalmente a un grupo concreto de personas y no admite diferentes grados de comprensión. Cualquier persona con ciertos conocimientos de un determinado campo del saber está en mejores condiciones de comprender un texto científico y técnico sobre ese campo, que un experto lingüista sin conocimientos de esa especialidad.
El vocabulario especializado no admite en principio la sinonimia, porque el calificativo de especializado implica la eliminación de cualquier significado distinto del deseado en la oportuna utilización del término; en otras palabras: El lenguaje especializado exige un significante propio para cada significado.
Tan sólo los expertos en una determinada materia pueden distinguir con exactitud los términos específicos de su ciencia, porque aunque dichos términos tengan la forma de una palabra del léxico general, en el texto científico y técnico tienen un significado unívoco para su empleo especializado.
También puede suceder que un campo científico concreto adopte un término ya existente pero con otro significado, que será poco comprensible para todo aquel que desconozca dicha materia.
La parte esencial del lenguaje especializado es precisamente su léxico y sus analogías con el léxico general se quedan sólo en eso, es decir, en su forma gramatical.
A modo ilustrativo lo vamos a comprobar rápidamente con algunos ejemplos.
Así, por ejemplo, el término «moderación».
En el DRAE podemos leer: «acción y efecto de moderar; cordura, sensatez, templanza en las palabras o acciones.»
En el diccionario especializado de Física Gran Vox, por el contrario, nos encontramos con la siguiente definición: «Proceso de frenado de los neutrones en un reactor nuclear»
Otro ejemplo del campo de las Ciencias de la Computación.
La palabra etiqueta, según el DRAE, se refiere a: «Ceremonial de los estilos, usos y costumbres que se debe guardar en las casas reales y en actos públicos solemnes; ceremonia en la manera de tratarse las personas particulares o en actos de la vida privada a diferencia de los usos de confianza o familiaridad; marca señal o marbete que se coloca en un objeto o en una mercancía para identificar, valorar, clasificar, etc.»
En el diccionario especializado, sin embargo, podemos leer: «Contenido de memoria de un archivo, cinta o disco; en almacenamiento de datos, carácter o secuencia de caracteres que permite al sistema operativo identificar un disco flexible, cinta o parte de un disco duro».
Queda pues de manifiesto que el comportamiento de cada uno de estos dos tipos de léxico es completamente distinto.
Los textos científicos y técnicos sólo son accesibles a los expertos del campo respectivo. Es posible que al lector le sean familiares las palabras que va encontrando, pero eso no implica que pueda descodificar su significado.
El vocabulario científico y técnico sigue las normas sintácticas generales, compartiendo con el lenguaje general las partes gramaticales, pero no así el léxico que, como hemos visto, es precisamente lo que hace que el lenguaje especializado pueda considerarse como tal.
Hasta el momento hemos insistido en las diferencias entre el léxico científico y técnico y el general, pero por otra parte, no podemos ignorar la mutua interdependencia que existe entre ambos.
El vocabulario científico y técnico se nutre en gran medida de palabras ya existentes del lenguaje general, aunque cada vez con mayor frecuencia, la fuente procede de los préstamos o calcos del inglés.
Actualmente, hay un gran interés por conocer los logros científicos y esto, en buena medida, es posible gracias a los modernos medios de difusión y en especial Internet. Estas exposiciones suelen ser responsabilidad de periodistas especializados, pero también de los traductores quienes, además, no sólo tienen que abordar textos de carácter divulgativo. Lo que nos permite darnos cuenta de la función tan importante del traductor, quien a veces ni siquiera es consciente del alcance que pueden llegar a tener sus documentos. Los traductores dedicados a esa labor de divulgación se topan con la realidad de que la descripción de la ciencia o la técnica no puede existir sin el uso de la terminología propia, es decir, sin un lenguaje específico correspondiente a la materia tratada.
La traducción de textos técnicos exige la necesidad continua de crear nuevos términos. La opción más habitual suele ser la recurrencia al préstamo, que en algunos casos suele llegar a transformarse en calco.
Los procesos de formación de neologismos se suelen originar en otra lengua y, posteriormente, con la difusión de los elementos o fenómenos nuevos que designan, son importados por el español; ello se manifiesta especialmente en los términos formados por elementos cultos, elementos derivados del griego y del latín, con frecuencia acuñados en lengua inglesa. Así, pues, puede resultar muy difícil diferenciar los casos en los que se trata de un proceso de creación propio del español de aquellos en que el origen de la denominación procede de otra lengua.
Vamos a tratar de estructurar ahora a modo de síntesis, recogiendo todo lo expuesto hasta el momento, los rasgos principales que caracterizan al lenguaje científico y técnico.
Hemos visto que el objetivo del lenguaje científico y técnico es la transmisión del saber y que, por lo tanto, prevalece la función informativa o representativa. La ciencia trata de explicar la realidad y se propone que el destinatario comprenda algo sobre un tema determinado, la técnica trata de actuar sobre la realidad, aplicando las conclusiones de la ciencia, su propósito es que el destinatario aprenda a hacer algo para modificar la realidad.
El lenguaje científico y técnico se caracteriza fundamentalmente por que responde a un nivel culto o medio de la lengua.
Puede presentar un estilo fuertemente especializado y restringido de carácter críptico o un estilo divulgativo de tono científico o técnico de mayor claridad a expensas de una menor precisión y con intención de llegar a un número mayor de receptores no especializados en la materia, lo que implica una serie de repeticiones de ideas y conceptos con carácter redundante, aclaraciones y reformulaciones de las ideas en términos accesibles, definiciones y explicación de conceptos, abundancia de ejemplificaciones, uso de comparaciones de carácter didáctico y otros recursos cotidianos.
El lenguaje científico y técnico se diferencia de la lengua general, como ya se ha dicho, por la univocidad del significado de sus términos además de por su universalidad, es decir, el carácter homogéneo que presenta en las distintas lenguas facilitando la traducción de unas a otras y la comunicación entre los investigadores.
Otro rasgo distintivo es su objetividad, que definimos como el tratamiento objetivo de la información de la que se excluye lo connotativo y los recursos expresivos como el humor o los sentidos figurados.
El lenguaje científico y técnico debe ser preciso y claro, ofreciendo una definición exacta y clara de la realidad a través de sus definiciones, y la presentación unívoca de conceptos o formulación de hipótesis.
En el caso de una descripción pragmática, exige el conocimiento previo del tema si se trata de un estilo especializado; si la finalidad es informativa tendrá una función referencial o representativa. Requiere de una planificación y organización previas.
Hace uso principalmente de lo escrito, lo que no excluye el uso oral (conferencias, debates) y utiliza en ocasiones con profusión elementos gráficos y simbólicos como complemento informativo.
En el orden semántico expresa los contenidos con rigor y precisión a través de la presencia de elementos informativos, manteniendo una coherencia y un orden.
Sus estructuras presentan un carácter cerrado mediante la introducción o presentación del asunto (marco general y principios teóricos), el desarrollo o exposición detallada de los distintos procesos, hechos, fenómenos y la formulación de una o varias hipótesis y conclusiones con la aparición de elementos con carácter aclaratorio.
Predomina el estilo de oraciones de carácter impersonal en aras de una mayor objetividad con lo que se oculta al autor mediante la tercera o primera persona del plural, y el uso de la voz pasiva.
Los temas se realzan mediante repeticiones y aclaraciones, en los que abundan los sintagmas nominales complejos.
Se recurre a los sintagmas verbales simples y se usan con profusión los adjetivos y complementos del nombre con carácter especificativo y antepuestos. Predomina el uso del presente de indicativo atemporal y descriptivo y el uso de perífrasis de probabilidad y otros tiempos con valor semejante para expresar probabilidad. Abundan las oraciones subordinadas que matizan la expresión.
A nivel léxico semántico hay ausencia o escasez de elementos valorativos, empleándose tecnicismos y términos monosémicos y creación de una terminología propia que persigue la precisión, en cuanto a que el significado de los términos debe coincidir exactamente con la designación de la realidad, la objetividad o neutralidad emocional evitando la valoración subjetiva de la realidad, los valores connotativos y los sentidos figurados, la estabilidad y la adaptación resistentes al paso del tiempo aunque deben adaptarse a los descubrimientos y avances que se suceden.
Como se ha insistido ya a lo largo del texto, el lenguaje científico y técnico tiene una terminología específica creada mediante distintos procedimientos de formación de tecnicismos, como son:
La derivación a partir de las lenguas clásicas (prefijación y sufijación)
Los neologismos originados por composición, especialmente con elementos latinos y griegos
Los neologismos que surgen de la abreviación (acrónimos y siglas)
Los préstamos léxicos, conservando su forma original o adaptados.
Los préstamos semánticos (traducciones de otras lenguas)
Los calcos semánticos (copia exacta de otras lenguas)
Como colofón, añadir que estos términos a veces salen de su ámbito especializado y pasan a formar parte de la lengua común, con lo que incrementan el patrimonio léxico tradicional. Este proceso se da en distintos grados: desde los que no llegan a traspasar el ámbito especializado hasta las palabras que son de uso común, en este último caso unas veces conservan su significado originario, otras lo modifican y otras quedan como arcaísmos en el lenguaje especializado y son sustituidos por otros tecnicismos.
Una vez perfilado nuestro modelo generalista, descriptivo de los principales rasgos del lenguaje científico y técnico, trataremos de hacer una concreción al caso concreto de la traducción, o mejor, de la localización de software en el par de lenguas español y alemán como subelemento perteneciente al campo de las ciencias de la computación.
Se llama localización de software a la traducción y adaptación de programas informáticos a la lengua y cultura de cada país. Esta es al menos la definición de localización más extendida en la literatura específica. La localización trata de salvar las barreras idiomáticas y culturales existentes pero, paradógicamente, cada empresa propietaria de una determinada aplicación de software aspira a tener una terminología específica propia y en ocasiones distinta, al menos de forma puntual, de la de la competencia. En otras palabras, en la traducción de software debemos considerar además, el carácter distintivo publicitario y de marca que nos impone de forma estricta la fuente del encargo.
Así, en un procesador de textos como puede ser Word de Microsoft nos encontramos con términos como «actualizar», «guardar» o «borrar», mientras que otros procesadores de texto recurren a los significantes «recargar», «salvar» o «eliminar» para representar el mismo significado.
Esta realidad contradice, al menos de forma aparente, los criterios de univocidad y universalidad que la literatura específica hace propios del léxico científico y técnico.
¿No es posible encuadrar entonces la traducción de software dentro la traducción científico y técnica o debemos revisar los criterios usualmente aceptados que definen el perfil característico de este tipo de traducción especializada?
En mi opinión, los criterios apuntados en un principio siguen siendo válidos y por tanto de aplicación en la traducción de software, pero de manera restringida a una o una serie de aplicaciones informáticas determinadas, debido a esa componente propia del lenguaje publicitario, que exige una diferenciación en función de los objetivos que se pretenden lograr.
Existe una cierta confusión a la hora de distinguir algunos términos que, en ocasiones, se toman erróneamente como sinónimos. Nos referimos en concreto a las expresiones de localización, internacionalización, ingeniería lingüística y globalización. La asociación LISA, creada por más de 200 clientes corporativos para el establecimiento de un estándar industrial que dé solución a los problemas de internacionalización tanto en el ámbito tecnológico como lingüístico, nos propone las siguientes definiciones:
La localización implica una adaptación cultural y lingüística del software, que resulta apropiada en el entorno al que va dirigida la aplicación.
A diferencia de la traducción, la localización supone otro tipo de conocimientos y técnicas que no son puramente lingüísticos: en lo que se refiere a la programación, los cuadros de diálogo de las pantallas y las longitudes de los campos pueden sufrir modificaciones; asímismo las fechas, la hora, los formatos monetarios, iconos e incluso el tipo de color.
Las lenguas como el chino y el japonés requieren de un segundo byte para la representación de sus símbolos lo que exige un mayor número de recursos y una programación informática más compleja.
Por lo que se refiere a los contenidos, algunos aspectos como el color, el tamaño, las formas tienen con frecuencia interpretaciones diferentes incluso en lenguas próximas entre sí.
Algo similar ocurre con la iconografía y la simbología que hace referencia a objetos cotidianos como pueden ser las monedas, los autobuses, teléfonos, etc. Los vehículos pueden circular por un sentido u otro, o distintos códigos de la vida diaria pueden tomar una significación nueva. También algunas aplicaciones como los programas de contabilidad, exigen la adopción de unos determinados procedimientos específicos.
La internacionalización es un proceso para generalizar un producto de forma que pueda ser tratado por diversos entornos culturales y lingüísticos sin necesidad de que tengan que ser rediseñados. La internacionalización tiene lugar durante el proceso de diseño de un programa o documento.
La globalización de software incluye además, su internacionalización, localización y todos los demás aspectos comerciales relacionados con el mismo.
La ingeniería lingüística es la aplicación del conocimiento oral y escrito de la lengua al desarrollo de la información, a la transacción y comunicación, de forma que sean capaces de reconocer, entender e interpretar el lenguaje humano. Las tecnologías del lenguaje incluyen, por ejemplo, la traducción automática o asistida por ordenador, el reconocimiento y la síntesis de voz, la identificación del orador, las búsquedas semánticas, la recuperación de información, la significación del texto y la «extracción de hechos».
Vamos a analizar lo que sería un proyecto de localización completo. Normalmente, un proyecto de localización abarca los siguientes componentes:
- lo que se refiere al software mismo
- las ayudas en línea y la
- documentación que acompaña al software
Hoy en día, los proyectos de localización incluyen cada vez más material de apoyo como pueden ser los datos técnicos alojados en la web. En algunos casos, el software está parcialmente localizado para determinados entornos. Es el caso, por ejemplo, de un editor que decide traducir el software pero no la documentación o, al menos, no toda ella. Suele ser usual que se traduzcan las instrucciones de instalación del producto y que el resto de la documentación se deje en el original.
La mayoría de las aplicaciones de software se pueden bajar de internet o vienen en un CD-ROM y suelen contener los archivos de programa, los archivos de ayuda y los archivos en los que normalmente se advierte sobre algún aspecto técnico importante, los así llamados archivos «LÉEME».
En los ordenadores con el sistema operativo windows, los archivos de programa suelen tener extensiones del tipo «.exe», «.dll» y «.ocx». Los archivos de ayuda suelen tener extensiones tales como «.chm» [ayuda html] o «.hlp» [ayuda de windows]. La documentación en línea suele venir en formato PDF de Adobe Acrobat. Los archivos de advertencia «LÉEME» suelen tener la extensión «.txt», «.wri» o «.doc». Los ordenadores con el sistema operativo «Macintosh» no tienen extensiones de archivo pero sí definiciones internas de tipo de archivo e iconos específicos.
También es frecuente que se incluyan archivos de muestras del producto, tutoriales, «demos» y versiones limitadas (por tiempo o por funcionalidad) de prueba.
Las ayudas on-line son documentos que se pueden ver en pantalla y que contienen hipertexto que permite al usuario pasar directamente de un tema a otro. Normalmente, estos documentos son accesibles desde el interior de la aplicación. La mayor parte de los sistemas de ayuda son contextuales, lo que quiere decir que desde un determinado punto de la aplicación se puede acceder directamente a la información de ayuda de esa sección.
Cada vez es más frecuente que la ayuda on-line se distribuya en formato HTML.
No es inusual que el editor de software incluya documentación en línea en vez de en formato papel. Esto contribuye a reducir costes de impresión y hace más fácil la distribución de actualizaciones, así como permite la realización de cambios a través de internet.
El software suele venir acompañado de publicidad y de tarjetas para el registro del producto. Es lo que se suele denominar como material colateral que incluye también el mismo embalaje y, en su caso, las etiquetas del CD.
Los manuales on-line suelen venir en un formato de intercambio electrónico como es el formato PDF. Estos manuales se pueden abrir y ver usando una aplicación que suele permitir también su impresión. La aplicación Acrobat Reader tiene una versión limitada gratuita.
La principal diferencia entre la ayuda on-line y la documentación on-line radica en su uso. A la ayuda on-line se accede desde la misma aplicación, es posible realizar búsquedas y permite a los usuarios saltar entre diferentes temas relacionados. Aunque muchas de estas características se pueden presentar en la documentación en línea, ésta no atiende tanto a su uso en pantalla; es mucho más importante que el usuario pueda ver e imprimir la documentación on-line.
Las grandes empresas suelen presentar información en su página web en diferentes idiomas, permitiendo al visitante de su página que elija la lengua que le sea más afín. Estas páginas web requieren no sólo la traducción de la información relativa a la misma compañía, su producto o su servicio, sino también todo el catálogo de productos y otras funcionalidades como podrían ser el comercio electrónico, etc.
En la actualidad, las páginas web se apoyan en una base de datos que contienen tanto texto como otro tipo de información dinámica. Por lo que respecta a la localización, esto significa que en lugar de tener que localizar extensas páginas de HTML e imágenes ahora se trata más bien de traducir bases de datos estructuradas. En consecuencia, la localización de páginas web se puede comparar más con la localización de software que con la localización de ayuda on-line.
Otro aspecto importante a tener en cuenta cuando se localizan páginas web es la velocidad a la que se deben actualizar los contenidos. Las páginas web multilingües, en un caso ideal, se deben publicar simultáneamente en todas las lenguas meta. Esta es la razón por la que cada vez se crean más soluciones destinadas a transferir o actualizar los cambios de dichas páginas.
Vamos a considerar ahora el tipo de personas que intervienen en un proceso de localización de software.
En primer lugar el editor del software con sus propios recursos humanos de ingeniería, gestión y traducción.
En otro plano podemos considerar al editor subsidiario o distribuidor de la aplicación en el país de la lengua meta.
Y finalmente, un proveedor de servicios de localización.
Actualmente, la globalización económica y la influencia de internet tienden a eliminar los escalones intermedios de forma que un número cada vez mayor de editores tratan directamente con los proveedores de servicios de localización para integrar la misma en el conjunto del proceso de desarrollo. Muchos prestatarios de servicios de localización están creando la infraestructura necesaria que permita a los desarrolladores y editores interactuar directamente con los traductores individuales para lograr una publicación simultánea de todas las versiones en diferentes lenguas.
Como norma general, los editores de software suelen recurrir a servicios externos de localización para evitar tener que crear grandes grupos de trabajo que sólo son activos durante un periodo de tiempo limitado.
Un proceso de localización de software requiere de un gestor de proyecto que debe contar con un traductor o equipo de traducción, con un revisor o revisores especialistas técnicos en la materia que se traduce, con un informático, o ingeniero responsable del control de calidad y encargado de la compilación y del test final de la aplicación, con un especialista en traducción asistida por ordenador y con lo que se conoce como «operador DTP» o persona responsable de la maquetación, y que suele convertir el material impreso en documentación electrónica.
Si bien los criterios expuestos hasta ahora son extrapolables a cualquier otro par de lenguas distinto del alemán / español, que es en definitiva el que ahora más nos interesa, hay algunos aspectos, o mejor dicho, dificultades en la localización de software que sí son más propios del par de lenguas considerado en nuestro título.
Así, aspectos como la longitud del texto (entre un 30 y un 40% mayor en español que en alemán), los elementos extralingüísticos (Non-verbale Elemente) o los textos dentro del mismo código del programa requieren de un tratamiento diferenciado.
No entraremos aquí a analizar de forma sistemática todas las dificultades propias de este tipo de traducción dentro de lo que es el proceso de la localización, nos limitaremos tan sólo a enumerar y comentar brevemente a modo de epígrafe los diferentes parámetros de este proceso traductológico singular que es la localización.
Empezaremos por el mismo texto en la lengua de partida. Es necesario que el texto fuente cumpla una serie de requisitos mínimos que le hagan susceptible de ser traducido en este contexto. Entre estos requisitos figuraría lo que se ha venido a denominar como «consistencia» en la terminología, el estilo y el formato y que tiene mucho que ver (por lo que se refiere a la terminología) con el principio de univocidad del lenguaje científico y técnico que comentamos en un principio.
Por «Standards» entendemos todos aquellos aspectos más relacionados con la presentación de la información que con la información en sí misma y que deben ser coherentes a lo largo de todo el texto por su frecuente repetición. Desde el punto de vista estilístico, terminológico y de formato es muy recomendable una sencilla hoja de estilo que dé una mínima unidad al trabajo realizado en muchas ocasiones por diferentes traductores a veces muy distantes entre sí. Antes de iniciar el trabajo es fundamental, como fruto de un riguroso vaciado terminológico, determinar con precisión los términos a emplear, prestando especial atención a todas las abreviaturas, acrónimos y siglas. Insistimos una vez más en lo importante que es tener en cuenta las diferencias de longitud, es decir, del número de palabras entre el alemán y el español. Evitaremos tener que recurrir a abreviaciones a veces ininteligibles para el destinatario de la traducción. Si por motivos técnicos no podemos disponer del espacio necesario, es importante establecer de antemano unos criterios claros sobre el modo de realizar las abreviaciones. En general, procuraremos que el núcleo del sintagma afectado por la abreviación se escriba completo.
No es recomendable que el traductor trabaje sobre el código fuente directamente. Aparte de los errores que pudiese cometer y que podrían afectar sensiblemente al funcionamiento del programa, las pequeñas actualizaciones requerirían la traducción completa de todo el archivo. En este caso, sí que es recomendable recurrir a los programas específicos de localización como pueden ser Passolo, Catalyst, etc. Estos programas son capaces de extraer el texto a traducir.
Los símbolos o pictogramas del texto original pueden ser irreconocibles en español, por lo que se recomienda que los iconos utilizados hagan referencia al contenido y no a la palabra misma.
Adaptación de pesos, medidas, porcentajes, etc. Así, por ejemplo, no tiene por qué coincidir el porcentaje de IVA que se aplica a un determinado bien de consumo.
Terminaremos por tratar el último paso que afecta al traductor y que no es otro que el del control de la calidad. Evidentemente, el programa se debe probar una vez traducido. Debemos comprobar todos los hipervínculos, las variables que hayamos podido sustituir y la homogeneidad de los diferentes comandos que pueda contener el programa. También se han de revisar todos los formatos, si las colocaciones y en general la sintaxis es correcta y la corrección de los signos de puntuación. Abogamos por que el traductor se implique en este proceso de la localización, aunque no sea muy habitual en numerosos casos.
Conclusiones:
Como hemos podido comprobar a lo largo del texto, la traducción de software, dentro del contexto más amplio de la localización, la podemos encuadrar tipológicamente como un subapartado más de la traducción científico y técnica si bien con algunas particularidades características, consecuencia de otros factores externos que inciden en este tipo de traducción, como pueden ser, principalmente, los de carácter comercial.
Hemos definido la localización de software como la traducción y adaptación de programas informáticos a la lengua y cultura de cada país. En consecuencia, nuestro objeto de estudio no es sólo el texto sino también la aplicación informática con una fuerte interdependencia entre ambos. Presupuesta la competencia traductora, se exige ahora además unos conocimientos informáticos avanzados.
La aparente falta de univocidad léxica que presentan algunos programas informáticos entre sí, esconde en el fondo la exigencia de una muy fuerte coherencia terminológica en el ámbito de cada aplicación informática. Con otras palabras, podemos considerar cada programa como un diminuto microcosmos léxico con autonomía propia.
Los términos localización, internacionalización y globalización no son sinónimos puesto que se mueven en planos diferentes. Si bien la localización la podemos considerar como una extensión de la función traductológica que supone además el conocimiento de una serie de técnicas y procedimientos propios de otra ciencias, en concreto de las Ciencias de la Computación, la internacionalización es, principalmente, propia de la ingeniería de software y está más alejada de la influencia del traductor puesto que tiene lugar, principalmente, durante la fase de diseño del software, como ya se ha expuesto anteriormente.
Finalmente, la globalización es una actividad propia del ámbito comercial y de distribución de un producto y que, por lo tanto, afecta en menor medida a la actividad del traductor.
La localización de software exige del traductor un conocimiento de la cultura de los países de las lenguas que traduce más profundo si cabe que en otros campos de especialidad.
También tenemos que diferenciar entre localización de ayuda on-line y localización de documentación on-line, porque a pesar de compartir algunas afinidades, la primera está más ligada al programa mismo y la segunda es similar a la publicación de un libro electrónico.
La localización requiere del trabajo de un equipo multidisciplinar que aúna tanto a traductores como a especialistas informáticos.
Por su elevado nivel de especialización, por su duración limitada en el tiempo y por los considerables recursos que requieren, los proyectos de localización se suelen confiar a servicios externos de localización.
Como consecuencia de la globalización económica, de la influencia de internet, del aprovechamiento de recursos y de la minimización de costes, así como para lograr una publicación simultánea de todas las versiones en diferentes lenguas, además de otros factores menores, la tendencia actual apunta a la creación de la infraestructura necesaria que permita a los desarrolladores y editores interactuar directamente con los traductores individuales.
La localización de software en el caso concreto del par de lenguas alemán y español tiene unas características peculiares a tener en cuenta y que inciden quizá en mayor medida que en el caso de de las demás combinaciones de pares lingüísticos. Entre dichas características podemos destacar las importantes diferencias existentes entre el texto original y el traducido o el problema de abreviación de términos compuestos.




BIBLIOGRAFÍA:
ALEMANY BOLUFER, José. Tratado de la formación de las palabras en la lengua castellana. La derivación y la composición. Estudio de los sufijos y prefijos empleados en una y otra. Madrid, 1920.
BOSQUE, Ignacio y Manuel Pérez Fernández. Diccionario inverso de la lengua española, Madrid: Gredos, 1987.
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HENNIG, J.; TJARKS-SOBHANI, Marita. Softwarelokalisierung – Konzepte und Aspekte, Lübeck, 2002.
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