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Off topic: De viajes y relatos
Thread poster: Claudia Iglesias

Claudia Iglesias  Identity Verified
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Oct 16, 2004

Me gustaría hacer de este espacio el lugar donde se puedan contar viajes. Yo tengo muchos que contar, pero no quiero que sea un monólogo ni imponerme un ritmo de producción, sino que el día que recuerde alguno digno de figurar aquí, pueda venir a regalarlo. Pienso que hay muchos tipos de viajes, los hay cortos, los hay largos, los hay con movimiento y los hay internos. Un viaje puede ser el recorrido entre mi casa y el colegio de los niños o la travesía de un océano.
Quiero invitarlos a contar sus viajes, todo tipo de viajes, de esos que nos gusta compartir con los amigos y que a veces resulta más fácil escribir que contar.


[Edited at 2004-10-16 02:49]


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Claudia Iglesias  Identity Verified
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El Donizetti Oct 16, 2004

A los diez años haría mi primer gran viaje. Ya había vivido en un pueblo, dos ciudades, cinco casas y conocido 4 escuelas. Mi papá estaba en Alemania Oriental cuando ocurrió el golpe de estado en Chile (trabajaba para el gobierno y estaba en misión en los países socialistas). El servicio de relaciones exteriores dejó de funcionar inmediatamente y todos los empleados se encontraron cesantes con muchas incógnitas porque nadie sabía qué iba a ser de él. Mi papá decidió irse a París donde “por lo menos entendería las noticias”. Coincidió allí con mucha gente en la misma situación que él. En Chile todo estaba confuso, pedían que listas y listas de personas se presentaran a las comisarías y muchas lo hacían confiadas y terminaban en un estadio. Le dio miedo. Decidió quedarse en Francia y hacernos ir allá. Le dio instrucciones a mi mamá de que vendiera todo lo que teníamos y que comprara pasajes. Pero él estaba cesante y alojado donde un amigo casado con una francesa feminista que no aguantaba el olor a hombre y los hacía salir una hora antes de que llegaran sus amigas para ventilar.
Bueno, mi mamá averiguó y vio que una compañía de barcos italiana hacía el recorrido Valparaíso-Génova pasando por Cannes. El viaje duraba un mes más o menos y mi papá necesitaba tiempo. El valor del pasaje era un poco más caro que el avión, pero además podíamos llevar más peso, porque viajábamos nada más que con nuestro equipaje. Sacó el pasaje mientras seguía vendiendo pero mi papá se desesperó en Francia porque no encontraba nada y decidió irse a Barcelona. ¿Por qué? Porque en Barcelona (y Perpignan) estaban las viejas amigas de mi abuela Libertad, Flora y Fraternidad (no invento nada), compañeras de la Guerra Civil española, dispuestas a hacer funcionar la cadena de solidaridad. El pasaje cambió de Cannes a Barcelona. Embarcamos el 22 de enero de 1974 en el Donizetti. No puedo creer que haya encontrado una foto, espero que se pueda ver
[img] http://www.todocoleccion.net/auto92/631070.jpg[/img]

La tripulación era italiana, por supuesto, y ahí aprendí mis primeras palabras en italiano, que la mantequilla se dijera burro nos encantaba y vivíamos al ritmo del “pranzo” “prima collazione”, etc.
Tenía sala de cine, sala de juegos, piscina, actividades como concursos en que la misma tripulación se encargaba de entretenernos, organizaban bailes (yo me quedaba de niñera)... Había también una primera clase, distante y misteriosa, pero nuestro sector era tan entretenido que nunca sentí la curiosidad de ir a ver cómo era más allá.
Este barco hizo escala en Callao, fuimos hasta Lima a visitar algún museo que no recuerdo, pero sí recuerdo los cuadros e íconos del siglo XVI, luego, en Guayaquil, donde pudimos ver a mis abuelos que vivían en Ecuador desde hacía algunos años. Cuando cruzamos la línea del Ecuador se hizo un “bautizo” general en la piscina. En Colombia sé que tocamos puerto antes y después del canal de Panamá, pero no recuerdo la primera escala, la segunda fue Cartagena de Indias, donde cambiábamos las manzanas chilenas que nos daban de postre en el barco por caracolas gigantes o piñas deliciosas. Pasamos el Canal, todo el mundo estaba fuera, mirando, pero duraba mucho tiempo el paso por las esclusas y parte de ese recorrido se hizo de noche. Luego, La Guaira, donde hacía un calor espantoso y no nos dejaron bajar porque tenían miedo de que los chilenos se fueran a quedar ilegalmente, y de ahí, ocho días sin tocar tierra. Teníamos que llegar a las Canarias pero finalmente llegamos a Funchal, en la isla de Madeira, donde pude oír portugués por primera vez también. De Funchal llegamos a Barcelona, después de veinticinco o veintiocho días, no recuerdo exactamente, de travesía. Durante varios días se me estuvo moviendo el piso.
Ese viaje era bastante maravilloso de por sí, a quién no le gustaría viajar en un crucero tan largo tiempo, y todo el tiempo me decía que me estaba perdiendo los tres cuartos de lo que ofrecía por mi edad y pensaba que volvería con por lo menos quince años para disfrutarlo a fondo. Créanme que si fuera posible, si existieran esos barcos todavía (eran tres), ya lo hubiera hecho.
Pero ese viaje tenía otros significados menos palpables a primera vista. La mayoría de los pasajeros salía del país por razones políticas y a la mayoría les esperaba la incógnita total de un nuevo país. En cada escala bajaban algunos y subían otros. Ahora, contándolo de manera tan ligera me digo que era como estar en Disneylandia completamente fuera de contexto. Era una manera de prolongar... ¿la infancia, quizás? ¿lo conocido? Un statu-quo en un No Man’s Land.

Recuerdo que mi mamá se hizo muy amiga de un cura español que también iba a Barcelona, a él lo habían echado del país. Un día llegó este hombre muerto de la risa, pidiéndole perdón a Dios, y nos contó que un marinero había hecho ¡por fin! lo que él quería hacer desde hacía tanto tiempo con el cocinero ¡le había puesto la olla de espaguetis de sombrero!
Había una jovencita que se había casado con un italiano por poder. No lo conocía y en esa época no existía Internet. Habían intercambiado cartas de enamorados, la situación se había acelerado y para poder salir se había casado. No recuerdo su rostro, pero sí su expresión de miedo.
Nosotros (mis hermanos tenían 8 años y 6 meses) no teníamos preocupaciones. Había una familia que le hacía hacer deberes a los hijos, mi mamá nos dejaba tranquilos. ¡Y menos mal! porque igual hubiera tenido que hacer cuatro quintos básico, así que por lo menos que me quede el recuerdo de unas buenas vacaciones.

P.D. Buscando al Donizetti me encontré con un relato bien entretenido
http://www.arrakis.es/~trazeg/pasaje/pas27.html

[Edited at 2004-10-16 03:10]


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Aurora Humarán  Identity Verified
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Hablando sobre viajes perdidos Oct 16, 2004

Qué lindo tema...

Siempre me causa gracia cuando alguien dice: «a mí me encanta viajar» como si fuera una característica muy original. Creo que solamente a alguien con alguna patología puede no gustarle esa cosquillita que uno siente cuando empieza a planificar un viaje. Para mi, la planificación es casi casi la mejor parte.

Siempre que viajé me fascinó pensar todas las posibilidades de antemano. Normalmente hago un esquema triple: los lugares obligatorios a los que no puedo dejar de ir, los que no lo son tanto y los que, si se llega (y sin que se convierta en algo fastidioso) puede llegar a ser interesante.

Por algún motivo desconocido se me quedaron muy adentro ciertas imágenes de ciertos lugares.

Ciudad del Cabo es un recuerdo fuerte, ese paseo en auto bordeando las montañas entre las nubes hasta llegar al lugar en que se unen el Atlántico y el Índico.

Valparaíso que se abrió como un ramillete sorpresivo y se metió adentro mío como una foto inmaterial.

Key West, tierra de Hemingway, que te abraza y te rodea de un qué se yo elitista y snob tan peculiar que ... te dejás. Diners time...

Isla Negra y mi chileno enorme...

Por otro lado, no hay playas como las del país que más amo: Brasil. No hay un pueblo (discúlpeseme la generalización visceral) tan adorable como el brasileo. Tudo bem, tudo legal, tudo joia. Aunque nada esté tan bien pero ellos le ponen la sonrisa a la adversidad y le contestan a los problemas, con samba o con bossa. Adoro ese país.

Un recuerdo fuerte es un viaje a Londres. Lo armé con tanto cariño porque mamaba en mis libros de facultad para acariciarlo a cuenta de. Aquella capilla de aquel cuento, Bath sí o sí por Jane Austen, la universidad de Cambridge (donde habían estudiado tantos personajes). De pasada Stonehenge: SIN PALABRAS. Un poquitito de Deja Vu me dejó un sabor de ropajes blancos y de druidas y de círculos. La historia se te cae encima en esa parte de Inglaterra.

En ese mismo viaje: Liverpool. Liverpool fue otro viaje en sí: un viaje hacia mi adolescencia. I love them yeah yeah yeah. Cuánto lloré en ese viaje. Parada en Strawberry Fields, quieta frente al cementerio de Eleonor Rigby, paralizada frente a la casa de John, moqueando en Penny Lane. Siempre dudo de haber ido realmente, creo que ese viaje fue un sueño. Está bien, está bien, ya sé que están las fotos, pero qué se yo...hoy es tan fácil hacer fotos falsas...:-)

La Alhambra es uno de los lugares más bellos que visité. Otra vez un cierto Deja Vu, no sería raro, especialmente si miro para arriba en mi árbol genealógico, que algo haya quedado en mis genes. Y esas flores y el agua mágica suspendida en el tiempo en esa ciudad que hoy te abraza calma pero a la que no resulta difícil imaginar bajo el monarca que lloró «como una mujer» cuando la noche se le puso negra.

Me quedo con estos recuerdos. Gracias Clau por sacudirlos.

Buen finde para todos.

Au

pd: y me olvidé de Cartagena de Indias en Colombia (¿cómo pude?) Ahí estoy...paradita en la foto frente a la casa de mi querido Gabo. Y me olvidé del Glaciar Perito Moreno en el sur de mi país. Y me olvidé de New York y sus ráfagas de gente. Y esas casitas desparejas en Amsterdam.

Ay...un par de centímetros más (¿de qué se ríen?), un par de años menos (¡¡¡¿de qué se ríen?!!!) y me postulaba para azafata ya mismo.




[Edited at 2004-10-16 11:31]


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Cecilia Civetta  Identity Verified
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Excelente idea ;-) Oct 16, 2004

Claudia, me han gustado muchísimo tus relatos!!!
Un saludo,
Cecilia


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Claudia Iglesias  Identity Verified
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El viaje del gato Oct 16, 2004

Estaba decidido, o más bien parecía indiscutible. Los niños se habían apegado al gato, se peleaban por irse con él a la cama cuando se iban a acostar, lo tomaban como peluche o como bebé, y el gato se dejaba. Además de que todos le estábamos agradecidos, al gato, por habernos liberado de los ratones que me tenían histérica.
El problema era que no nos íbamos a Chile directamente. Los pasajes pagados que teníamos eran de República Dominicana a Francia, y a Chile no sabíamos por cuánto tiempo nos íbamos. Pensábamos que por tres años, sin estar seguros. Teníamos que ir a Francia a dejar las cosas que no llevaríamos a Chile, porque nos iríamos con lo mínimo. También teníamos que resolver algunos asuntos como el arriendo de la casa. Salíamos de República Dominicana en los primeros días de julio y Jean-Michel tenía que empezar a trabajar en Chile el primero de agosto. Por eso a él le compramos un vuelo directo (sólo 14 horas) de París a Santiago. Yo volaría un mes después con los niños en un vuelo más económico con escala en Atlanta. Desde Santo Domingo empecé la campaña para convencerlo de que se tenía que encargar él del gato, pero no había nada que hacer. Él “aceptaba” que lo lleváramos y le pagaba el pasaje, pero hasta ahí no más llegaba lo que estaba dispuesto a hacer por el animal (a todo esto, se llama Minu, que no es un nombre en sí, sino como se le dice a los gatos en francés "minou", en Chile el equivalente es "cucho"). Le empecé a explicar el problema a los amigos, quienes, solidarios, trataban de defender mi causa. Le hice los papeles al gato, todas las vacunas y sacar una especie de pasaporte, validarlo en el aeropuerto ante las autoridades sanitarias y la línea aérea. Minu pesaba más de siete kilos, por lo que no podía viajar en cabina, tenía que ir con las maletas. Yo prefería, porque con niños y equipaje hubiera sido una preocupación extra. El veterinario me había dado unas gotitas para drogarlo y llegó de lo más bien a París después de 8 horas de vuelo.
Jean-Michel aceptó, a regañadientes, llevarse el gato a Chile. Los papeles había que hacerlos 15 días antes del vuelo y ese argumento fue el que me ayudó a sacarle una respuesta definitiva. Pero desde Francia a Chile las cosas eran más complicadas. El veterinario tenía que certificar que el gato tenía todas sus vacunas, y luego ese certificado yo lo tenía que llevar donde el responsable o jefe regional de los veterinarios quien validaría el documento. Con este documento tenía que ir al Ministerio de Relaciones Exteriores y luego a la embajada de Chile en París. Problema: el veterinario no conoce al gato y sabe que van a revisar su certificado. Se niega a certificar vacunas que no ha puesto él. Volvemos a vacunar al pobre gato, con primodosis más encima. Segundo problema: todos estos pasos hay que hacerlos en tres ciudades diferentes, como si uno tuviera tiempo para eso en estas circunstancias. Bueno, lo hago.
Al final, el gato tenía una carpeta llena de papeles firmados, sellados, visados y en el aeropuerto miraban sólo los papeles verificando que nada faltara porque si no en Chile lo pondrían en cuarentena, y pensé que podíamos haber tenido un tigrillo o cualquier especie en extinción dentro de la jaula y nadie se hubiera dado cuenta.
Bueno, Jean-Michel llegaba donde mis tíos en Santiago. Les avisé dos días antes que llegaría con Minu. Respuesta de pánico: Laika, la perra, se había comido al gato del vecino. Odia a los gatos. Yo decidida, el gato va, ya veremos qué pasa, no aceptaría pasar por Atlanta con gato (no me quiero ni imaginar cómo hubiera sido eso) ni haber hecho los papeles inútilmente. Además de que no se lo íbamos a dejar a mi suegra que nunca había tenido gato.
Viajó Jean-Michel con el gato, la dosis de droga duraba ocho horas, le dimos el doble
Y en Santiago se hicieron amigos, el gato dormía a sus pies y él lo sacaba a pasear cuando el perro estaba encerrado.
La otra parte del viaje, la mía con los niños por Atlanta fue una odisea. Empezó por la mierda que pisó Gabriel al llegar al aeropuerto, es que en París, ¡hasta en el aeropuerto hay caca de perro! Yo, mamá precavida, acostumbrada a viajar, tenía toallitas de bebé, se fueron todas en limpiar el zapato. Me imaginaba el olor que tendríamos en el avión. El vuelo salió atrasado y perdimos la combinación con el de Santiago. Nos tuvimos que quedar en Atlanta, con todo pagado, pero igual, se me dormían los niños en el hall y en los pasillos del hotel, muertos de cansancio, y sola no me la podía. Lo bueno del hotel y el recuerdo que tienen los niños es que había un Nintendo en cada habitación (teníamos dos). Al día siguiente aprovechamos para dar una vuelta por Atlanta antes de juntarnos con papá y Minu, que nos esperaban, ansiosos.


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Patricia Posadas  Identity Verified
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tema interesante, en efecto... Oct 17, 2004

¡Pobre gato!

Las manzanas que Claudia cambiaba por caracolas me recordó a cuando mi padre viajaba por Europa, por motivos de trabajo, con el portamaletas lleno de conservas, chorizo y jamón ya que bastante caro era ya el viaje como para encima pagar tantas comidas, eran los años 50 en España... Pues bien, en un supermercado suizo donde entró a comprar pan y se topó con una cajera española, le cambiaron todas las latas de sardinas, anchoas y atún que quiso por tabletas de chocolate y otros manjares inimaginables para un españolito de la época.

Un viaje que recuerdo con frustración ocurrió cuando tenía 5 años. Mis padres me dijeron que íbamos a pasar el día en Francia. Este tipo de salida era habitual, vivíamos a 20 km de la frontera, y me encantaba porque íbamos a las Galeries Lafayette ("Aux dames de France" era el nombre del establecimiento en aquella época) y allí el surtido de dulces era infinitamente mayor que en San Sebastián, lo mismo ocurría con las canicas que tenían colores muy diferentes, con las gomas de borrar, con los cuadernos o con los lapiceros. Mi madre se mostraba también más generosa cuando pagaba en francos, al parecer, ya que en España me costaba que me diera dinero para 3 canicas y en Francia me compraba una redecilla con 25 o así sin rechistar, y el lunes era la reina del patio de recreo, je. Además paseábamos, comíamos en algún bar etc. pero todo ello era secundario, desde mi punto de vista, en comparación con la visita al centro comercial... aunque hasta ese día no lo supe.

En efecto, salimos como siempre en el coche de mi padre y el día fue transcurriendo de paseo en paseo, al borde del mar, entre calles, y una de las veces que montamos en el coche resulta que ya volvimos a casa. Cuando mi padre aparcó el coche en el garaje rompí en un llanto inconsolable. Mis padres, sorprendidos, quisieron saber qué me ocurría.

- "Buaaaaa, creí que íbamos a ir a Francia, buaaaaaa"
- Pero bonita, si venimos de Francia, hemos pasado todo el día allí.
- Buaaaaa, que no, que no hemos estado en Francia, buaaaa.
- Pero qué cosas dices, hemos estado en Saint Jean de Luz y en Hendaye, y eso es Francia. ¿No has visto que los policías nos han pedido los pasaportes en la frontera?
-Buaaaa, pero es que eso no era Francia, buaaaa.
- Vamos a ver, ¿por qué dices que no era Francia?
-Hip...hip... No había escaleras que suben solas, buaaaaa.

Bueno, mis hijos dicen que qué tonta era, pero el disgusto me quedó grabado. Ahora voy con frecuencia a ese mismo establecimiento, donde al parecer tengo tendencia a mostrarme más flexible a la hora de comprar algún capricho a mis hijos:-)








[Edited at 2004-10-17 00:29]


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Rosa Maria Duenas Rios  Identity Verified
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¡Tienes que ir a Puerto Rico! Oct 17, 2004

AURORA HUMARAN wrote:


Por otro lado, no hay playas como las del país que más amo: Brasil. No hay un pueblo (discúlpeseme la generalización visceral) tan adorable como el brasileo. Tudo bem, tudo legal, tudo joia. Aunque nada esté tan bien pero ellos le ponen la sonrisa a la adversidad y le contestan a los problemas, con samba o con bossa. Adoro ese país.


[Edited at 2004-10-16 11:31]


Aunque todavía no conozco Brasil (¡pero ya pronto!), Puerto Rico tiene unas playas de verdadero ensueño (y a México todavía le quedan una o dos bien escondiditas también, porque es la única manera de conservarlas así)... y los boricuas deben parecerse mucho a los brasileños, porque siempre están tratando de ver el lado bueno de las cosas, casi nunca se enojan y no hay nada en la vida que no pueda curarse con una buena salsa (música) y un delicioso arroz con gandules... Una vez usé el típico ejemplo del vaso medio lleno y medio vacío para tratar de explicar cómo lo verían los puertorriqueños y antes de que pudiera terminar, uno de ellos se me adelantó y dijo "si el vaso está medio vacío, nos viene muy bien porque así lo podemos llenar de ron!"... Creo que esto engloba perfectamente el espíritu borinquén... me imagino que los basileños lo llenarían de cachaza y se entenderían a las mil maravillas con los boricuas...


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Ines Garcia Botana  Identity Verified
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Me encanta el tema Oct 17, 2004

Ahora ya es muy tarde, pero les contaré de mis anécdotas en Cuba..
Cariños,
Inés


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xxxPaul Roige
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B-754665 Oct 17, 2004

Uno de los recuerdos indelebles de mi infancia es el de un Seat 600-D blanco de dos puertas que se compró el meu pare a pesar del cabreo de mia mai, pues no teníamos un duro, pero no él no iba a ser menos que el resto del vecindario y, en aquella época, finales de los sesenta, lo que se llevaba era eso, los señoritos con el Seat 1500 y los más mortales, eso, el seiscientos. Su matrícula se me ha pegado en la memoria para siempre: B-754665, y eso que aún no me sé el número de teléfono que me asignaron el mes pasado. Estoy incluso dispuesto a insertarla en mi epitafio, algo así como "Su papá tuvo un 600 matrícula B-754665. Descanse sobre ruedas". Y es el que el bicho era genial, no iba a más de 90 y en subida apenas alcanzaba los veinte, sobre todo en aquel viaje que hicimos desde Barcelona a La Coruña en el que íbamos mi padre conduciendo, mi madre a su lado intentando inútilmente que el hombre se decidiera a parar en un lugar decente para hacer pís o admirar alguna catedral, como la del Pilar de Zaragoza, que nunca la pudimos ver porque el señor no sabía dónde diantres estaba el pedal del freno, hasta que le entraba el hambre, claro está, entonces sí, paraba en seco en medio de los Monegros, aunque fuera un lugarete de esos para camioneros con bocatas de alubias y señoras de antaño buen ver. Pues bien, como decía, ellos dos, y en el asiento de atrás mi tía Lita y su hijo José en el regazo, mi abuela toda vestidita de negro, menuda como un jilguero en dieta, con moño gris y pañuelo, negro también, a la derecha y yo emparedado como una sardina entre las dos y con las piernas sobre el freno de mano, si es que tenía uno ahí, que ya no me acuerdo, y sin entender ni jota de lo que se decían las tres, todas galleguiñas de Costa da Morte, y con avaricia también. Y claro, la baca a tope llevando todo lo inimaginable, paquetes, maletas y bolsas de todos los tipos y colores, todo envuelto en un plástico traslúcido. Lo inevitable sucedió: un pinchazo en medio de la carretera y en tierras de León. Todos abajo, que no puedo levantar el coche, grita mi padre, y encima se le ocurre que como la baca era tan pesada, pues que había que bajar los trastos al suelo. Y así, la foto hubiera sido de portada de Life, "¡España avanza!". Todos los bártulos al costado de la carretera, mi madre casi dándole de collejas a mi padre por dejar que pinchara el coche, mi abuela acurrucadita sobre las rodillas, igual que como solía comer en su cocinita de la casa de la aldea, a la que, por cierto, por aquel entonces aún no le había llegado ese invento llamado ELECTRICIDAD y donde las vacas ocupaban más espacio en las casas que los humanos, y cagaban mucho más, y además no se molestaban en ir al cuarto de baño. A veces la aldea parecía una pista de aterrizaje para moscas de todas las cilindradas, y encima, como las callejuelas no estaban asfaltadas, se necesitaban zancos para atravesarlas en días de lluvia, que allí, en Muxía, son tres cuartas partes del año. Dos horas tardamos en arrancar de nuevo, pues el gato no funcionaba y mi padre tuvo que hacer autostop para que le llevaran al pueblo más cercano, volviendo al rato en un coche de la Guardia Civil (¡ay, la Guardia Civil, los palos merecidos que se habrá llevado en las historias de estas Españas nuestras, pero échese usted a la carretera sin ellos...!) Me quedé alucinado con el tricornio del cabo; amable el hombre también, hasta nos ayudó a montar de nuevo la baca. Hala, con Dios, buen viaje y ojo con las curvas. Pip, pip. No como el otro guripa, años más tarde y ya con un Renault 4 furgoneta, el "cuatro latas" lo llamaban, que nos soltó una multa "porque ezte intermitente funsiona malamente, oiga uzté". Viaje éste que tuvo su tela pues, de vuelta de A Coruña, que entonces aún era "La", claro, nos cayó una tromba de agua encima justo a la entrada de Burgos y como ya era de noche, todo lo que se podía ver eran los reflejos de las luces de los otros coches y las anaranjadas psicodélicas de las farolas. Para, para, dice mia mai, y mi padre, claro, que no, palante como los de Alicante, y de repente, bumba, no vimos la rotonda que se alzaba delante nuestro, el coche pasó por encima de ella y suerte tuvimos que sólo de rasqui, pues tenía estatuíta en el centro, bum bum rabum, plaf, la puerta del pasajero que se va al suelo, mia mai chillando, fillo, fillo y yo que tranqui tranqui, y mi padre que, por fin, paró. Tuvimos que atar la puerta al hueco con cuerdas y de esta guisa, sujetándola durante todo el camino con la mano, llegamos a Barcelona. Hostias, me enrollé, otro día, siguiente porfa.
P


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Andrea Ali  Identity Verified
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Hey, P!!!!! Oct 18, 2004

¡¡¡¡Eso no se hace en la mejor parte de la historia!!!!! Según me enseñaron en el colegio, eso se llama anticlimax y no me gusta para nada lo "anti"!!!

Joder!

Andrea


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xxxPaul Roige
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¡Hija! Oct 18, 2004

Mujer, Andrea, que no quiero bombardear el posting con un libraco entero sobre mis tropelías memorísticas, que Proz, como Hacienda, en la práctica, somos todos y, como Hacienda en teoría, ninguno más que otro... Éste, che, deja que entren unos cuantos colegas más con sus relatos capitántanescos de sus aventuras por lo largo y ancho de este globo terráqueo, y entonces suelto otro tocho.
Abrazotes
Paul

Andrea Ali wrote:

¡¡¡¡Eso no se hace en la mejor parte de la historia!!!!! Según me enseñaron en el colegio, eso se llama anticlimax y no me gusta para nada lo "anti"!!!

Joder!

Andrea


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Pamela Peralta  Identity Verified
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Uno chiquito Oct 18, 2004

Claudia,
Tengo un relato fresquito, me ocurrió 2 horas atrás. Con la cabeza hecha un embrollo, que levantarse a 5 para las 6 am, la hija, las tostadas, la lonchera, llega 6:25 am, bajar que viene la movilidad, subir...alistarse para salir a las 7:05am...bueno, alguna vez me tenía que pasar en los 25 años que llevo tomando micro (bus), olvidarme el monedero y ni un cochino billete tenía encima mío :S El micro había avanzado 3 cuadras cuando el cobrador viene a cobrarme, que normalmente me hubiera molestado, apenas subes y ya te están estirando la mano, como si uno se fuera a tirar por la ventana para no pagar 1 sol de pasaje. Así que le dije al señor, déjeme bajar aquí que no tengo ni un sol conmigo, el cobrador me dio una miraaadaa, como si lo hubiera planeado todo.
Bueno, había escuchado sobre gente que le había pasado esto, supongo que ahora soy una más en las estadísticas

Pamela


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Gabriela Tenenbaum  Identity Verified
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Mi Fito Oct 18, 2004

Ay, Paul! Maravillosa tu pintura. Parece una escena de una película italiana (¿o era española?) de los años '60...En fin, que me hiciste acordar a MI Fitito 600 (en Argentina, el Seat = Fiat), verde él, que todavía anda dando vueltas por algún lugar de la Pcia. de Buenos Aires, maravilloso compañero durante 5 años de mi vida y cuya patente era B-905510. Noble bicho bolita que llevé desde Junín hasta Pergamino cargadito de cosas, hace ya algunos años.

De otros viajes, ya hablaremos.

Gaby (de nacionalidad argentina, viviendo en los Países Bajos, currently in Paris):)


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Parrot  Identity Verified
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La travesía del 'cinturón de los tifones' Oct 18, 2004

Cuando los telediarios anuncian los monzones de la India y el Pacífico empieza a agitarse (que será más o menos por julio o agosto cada año), se activa una zona de depresiones tropicales entre las islas de Luzón (Filipinas) y Formosa (Taiwan) que se conoce como el 'cinturón de los tifones'. Justo en medio de esa franja se sitúa Batanes, tierra donde nacieron Alfonso (mi padre) y mi Tío Evaristo.

Los tifones del Pacífico tienen su fama: alguna vez habréis visto una vaca que parecía volar o un coche enganchado entre las jardineras de un edificio a la altura del entresuelo. Llegan a 280 kilómetros por hora, con lo cual se ha dicho todo. Los habitantes de Batanes también tienen su fama: son los 'hijos de la tormenta', por lo que -- según dicen -- ninguno de ellos ha muerto por un tifón en lo que las islas llevan de historia. Eso sí, hay relatos sobre los niños que viajan semanalmente a su escuela en otra isla y que aparecen al día siguiente flotando a la deriva cerca de Hongkong.

Este relato lo sé por lo que pasó en nuestra casa de Manila; tenía tres añitos entonces, el Tío Evaristo estuvo con nosotros en un viaje de negocios, y le tocaba regresar a su casa. Celebramos una cena de despedida y me besó adios antes de acostarme, porque se iba muy temprano en el avión. Pero al día siguiente, sobre las 10:00 de la mañana, ya estaba de vuelta con nosotros. ¿Y el viaje? Nada, se canceló, porque había habido noticias de un tifón, y el siguiente vuelo no despegaba hasta dos días después.

Podéis imaginar lo difícil que le resultó reservar una plaza en ese avión junto con todos los demás pasajeros del vuelo cancelado. Afortunadamente, siempre podía recurrirse a las Fuerzas Armadas -- las mismas que distribuyen víveres y ayuda en casos de emergencia. Tenían barcos de tipo LST (Land-Sea Transport, esos anfibios con los cuales MacArthur liberó la isla de Leyte durante la Segunda Guerra Mundial) y transporte aéreo de la misma época, del tipo que tiene un banco a lo largo de cada lado para los paracaidistas (:D). Tras un montón de explicaciones, le dejaron sitio en un avión de las Fuerzas Aéreas. Nuevamente, se fue de casa muy temprano -- y regreso al mediodía.

¿Y el viaje? Pos, nada, el avión despegó, llegó más o menos a la zona... y de isla, nada, no se podía ver nada, menos aún una pista de aterrizaje chiquitita, estaba todo cubierto de niebla.

La Tía Rucela (no he inventado nada tampoco, si buscáis en Google, la encontaréis en el comité de redacción de un diccionario exótico, incluso si no sabéis su apellido) estaba embarazada y a punto de dar a luz. El pobre Tío Evaristo estaba tan desesperado por volver, se sentía capaz incluso de vender su alma a las Fuerzas Aéreas, vista la ausencia del diablo. Al día siguiente, volvió a intentarlo. Justo encima de la pista de aterrizaje, mientras el avión ladeaba para maniobrar, se abrió la puerta y cayeron tres maletas al vacío. Un cabo menos asustadizo que el resto del pasaje anduvo el pasillo a gatas, consiguió llegar a la puerta y la ató con una cuerda.

Por eso, siempre sonrío cuando veo los anuncios que dicen, "¡venga a ver el mundo con las Fuerzas Armadas!"


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Aurora Humarán  Identity Verified
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¡¡¡Qué bueno esto de viajar gratis!!! Oct 18, 2004

Clau, podemos también hablar de las decepciones y de los pendientes.

Mi decepción: Brujas. La gente habla de Brujas como un «antes y un después» en sus vidas. Es linda, cómo no va a ser linda, pero no me llegó tan profundo.

Mis pendientes: Machu Pichu, Isla de Pascua y Egipto.

Paul, plis, los lectores te reclamamos.

au


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De viajes y relatos

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